Dhulikhel, Namo Buddha y Panauti

- al este de Kathmandu -

Nepal - Lugar

Hacia el este de Kathmandu está el triángulo formado por Dhulikhel, el monasterio budista de Namo Buddha y Panauti. Para llegar se sigue la Araniko Highway, que en unas dos horas lleva a Dhulikhel. De camino saliendo de Kathmandu se pasa por Bhaktapur y más allá se empiezan a ver bastantes hornos cerámicos donde se cuecen los ladrillos tan clásicos de Nepal. La ruta comienza a subir para alcanzar un pequeño paso de montaña presidido por la figura de Kailashnath Mahadev, la escultura de Shiva más alta del mundo con 44 metros. Más allá cruzaremos la importante población de Banepa, donde está el desvío hacia Panauti, y pronto llegamos, de nuevo ganando altura, a Dhulikhel.

 

Dhulikhel, situada en un paso de montaña, es una de las villas conocidas por sus vistas del Himalaya, como lo puede ser la más famosa Nagarkot. Pero Dhulikhel es menos visitado y, además, es una verdadera población newar, un pueblo donde sus habitantes trabajan y viven más allá del turismo, con un casco antiguo lleno de edificios de ladrillo rojo y madera tallada, el Dhulikhel Bazar, mezclados con edificios más actuales. Un pueblo que, si bien acoge turismo, quizás no calificaríamos de turístico del todo. Como veréis, muchas de sus casas del casco antiguo parecen aguantar en pie de forma sorprendente. Fachadas peligrosamente inclinadas, grandes grietas, … y, sin embargo, todos estos viejos edificios aguantaron impertérritos el terremoto de 2015 que se dejó sentir duramente en esta zona. Vale la pena pasearse por las callejuelas del centro, que no es muy grande, o, si se tiene más tiempo, descubrir los alrededores como puede ser el camino de los «1000 escalones» que, pasando por un gran Buda dorado, sube hasta lo alto de una colina con una buena visión de 360º.

 

Más allá está el Monasterio Budista de Namo Buddha, a unos 45 ‘de Dhulikhel conduciendo por carretera, o en unas 4 horas a pie en lo que es una de las etapas del pequeño trek que llamamos del Valle de Kathmandu.

Situado estratégicamente sobre una montaña también con muy buenas vistas sobre los valles de alrededor y el Himalaya, es un monasterio importante. La leyenda cuenta (con diferentes variantes y que también encontramos en otros lugares) que Buda, en su camino al nirvana, se detuvo aquí donde encontró una tigresa con sus crías hambrientas. Compadecido, Buda dio sus brazos para alimentarlas, y éste es el motivo por el que se erigió aquí este monasterio.

Se puede visitar libremente, tanto el interior como el exterior que os llevará a algunas estupas y donde comienza el camino que lleva a pie hasta Panauti. Como buena parte de los monasterios budistas, sobre las 16h suele haber la «puja» en el templo, la oración de sutras por parte de la comunidad de monjes.

 

Panauti, más al sur, es una pequeña ciudad anclada en el pasado, cuando fue un importante centro comercial durante la época Rana.

Está considerada especialmente sagrada ya que está situada en una confluencia de dos ríos, el Roshi y el Pungamati, a que la creencia dice que se une un tercer río invisible, el Padmabati, por lo que cuenta con un buen número de templos antiguos de todos los tamaños, especialmente en la confluencia de los ríos. Panauti sobrevivió indemne durante siglos a varios terremotos, aunque finalmente el de 1988 sí causó algunos desperfectos en su rico patrimonio cultural, así como en este último, aunque no demasiado serios.

Es muy interesante pasearse por sus calles entre casas de ladrillo, gente haciendo tareas agrícolas despreocupadamente, niños que van o vienen de la escuela, y templos antiguos de todo tipo.